1998. El Puente de la visión





Historia del Pato - Conejo (fragmento)
Javier Diaz López


Estoy escuchando a B. Evans. Espero que suene How deep is the ocean, la conmovedora pieza compuesta por I. Berlin. Y pienso en Los cantos de Maldonor del conde de Lautréamont, en su canto primero, en aquel ¡te saludo, viejo océano! tantas veces repetido; el viejo océano, el guardián, como la pintura, del azul: de Giotto, del azul de Padua (Kristeva, 1977:399-400), al monocromatismo azulado, desm,aterializado, (Seymour, 1987:21-27) de 1. Klein y la verticalidad sublime, (Rosenblum, 1983:210-211), en azul, de B. Newman. A. Goyeneche presenta en esta exposición tres obras, 111.arina, Atlántico y Marycielo, que reflejan su predilección por ese azul que duerme y sueña en el océano. Pero sus azules no son campos de color ni figuras manufacturadas según los recursos tradicionales de la pintura. Emplea, para construir esos paisajes, más materiales industriales, como el vinilo, que medios pictóricos convencionales, así, por ejemplo, el óleo. De este modo, la artista traslada a quien mira la convicción de que la pintura es un sentimiento y no sólo una técnica, ya que como escribiera M. Heidegger 0978: 11 O), "en la obra está el acontecimiento de la verdad y, ciertamente, a la manera de una obra en operación". Y la obra no lo es por los materiales utilizados, por muy venerables que estos sean. Es obra porque se debe a un tiempo que está más allá de su razón instrumental. A. Goyeneche pertenece a esa saga de artistas que, aÚn abrazando su tiempo, reflexionan sobre los móviles de las otras eras del arte suivant. Y por ello, como otros creadores y creadoras del siglo, no renuncian a que la obra posea una cierta commesurazione (Baxandall, 1989: 129-134). Piensan todos estos artistas, y yo estoy a morir con ellos, que existe un tiempo después del tiempo, un arte después del arte, donde R. Ryman y ]. S. Chardin juegan al ajedrez y contemplan la curva del horizonte. Mar y cielo. De Lautréamont a Mallarmé. Ni mar ni cielo. Azul. El tiempo es azul. Sí. y el tiempo fragmentado es más azul todavía. Toda mirada fragmentada mezcla planos, superpone visiones, intercala dimensiones temporales. Hay un momento, si intentas mirar Marycielo ese archipiélago de treinta y ocho unidades autónomas de luz y sombra, en el que, de súbito, sobreviene, imperiosa, la exclamación lautreamontiana .. El océano y el mar, el azul, son símbolos reales de esa forma simbólica que llamamos arte. Ya sabemos algo más del pato-conejo: tiene algo de azul y se mueve, cual nómada del tiempo, entre las geometrías fractales del piélago y el azur. 

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