2005. Dos paisajes iluminados




 

  

Una sutil invitación (fragmento)

Guillermo Balbona.

El espectáculo se elude. Se persigue la comunicación. Aquí no hay artificios ni oropeles gratuitos. El paisaje espera. La luz y los espacios se dejan atrapar. Voces plurales y lenguajes diferentes se extienden en formas y sensaciones. No se trata de epatar ni de escudriñar las modas, ni de inventar con golpes de efecto y propuestas provocadoras. El silencio de lo cotidiano se apropia de otros sonidos y golpes de efecto y propuestas provocadoras. El silencio de lo cotidiano se apropia de otros sonidos y colores. El ejercicio artístico impone su propio ritmo y espera una respuesta. Con voluntad de perdurar y vocación de sutil invitación a recobrar ciertas esencias y valores que han sublimado siempre la relación entre el arte y el hombre, entre la creación y el entorno, el Encuentro Internacional de Arte Contemporáneo, “Artesles”, crece este año en ambición y personalidad. Un proyecto, desde la vanguardia, que apela a la integración paisajística, que se asienta en los lugares donde ha madurado esta pasión creativa y que confronta los sentidos y las obsesiones de cada artista con la arquitectura y la naturaleza.

Esta también esa otra espiritualidad, otro paganismo entregado a la huella civilizada del hombre que busca su lugar en el mundo. Aquí, ermitas, naves, prados,… interiores y exteriores habitados por una veintena de instalaciones están destinados a construir un eslabón que nos lleva a la vida. Camino del bosque, en las encrucijadas, o en los atrios, las historias pequeñas, los conceptos, los materiales se aúnan con la luminosidad de cada jornada para conjugar espacios de arte, prolongaciones nocturnas, itinerarios a descubrir a través de la complicidad serena del objeto o de lugar escogido, nunca de la acumulación ni del ruido.

“Artesles” huye de la banalización, de la trivialidad insustancial que abunda en el terreno artístico como hecho de mercado. Incluso su invocación efímera, la de la instalación y la obligatoriedad cronológica que se ajusta al espacio y a la temporalidad expositiva, es ficticia. El encuentro invoca la unicidad de las piezas, celebra su nacimiento y su destino ad hoc a la geografía del municipio que las convoca, y busca su plasmación en un recorrido en el que el artista, el paisaje y el visitante configuran idéntica pasión : la de saberse cómplices de un ritual exento de esa velocidad que no conduce a ninguna parte, a la vez conscientes de integrar un lúcido foro donde las señales del arte completan a su ser en el privilegio del entorno.

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